¿Qué debo hacer si mi empresa se declara insolvente? (II) 

Concursos de acreedores y empresas insolventes

En el post anterior, os explicamos qué es un proceso concursal y cómo se debe actuar ante una empresa insolvente.  En esta segunda parte queremos hablaros del funcionamiento de los concursos de acreedores y del después.

Concurso voluntario o forzoso

Después de haber evaluado la situación, si se considera que el concurso de acreedores es la mejor opción, lo más beneficioso será acceder al concurso voluntario (solicitado por la empresa insolvente). Otra posibilidad menos común es que alguno de los acreedores de la empresa solicite un concurso forzoso. En caso de que el juez no lo considere necesario, será el acreedor quién pagará el coste judicial e indemnizará a la empresa insolvente por los daños causados.

Será la propia empresa insolvente la que se encargue de acordar con los acreedores nuevas condiciones para satisfacer su deuda. Recuerda que la mayoría de empresas concursadas que terminan en liquidación lo hacen porque se deciden demasiado tarde por el concurso de acreedores y no hay posibilidad ya de salvación.

Funcionamiento de los concursos de acreedores

  • La empresa insolvente, a los dos meses de conocer su situación, está obligada a solicitar el concurso de acreedores en el juzgado de lo Mercantil. Sus objetivos serán resolver pagos pendientes y mantener su actividad.
  • Si la empresa no solicita el concurso de acreedores pasados dos meses, los Administradores tendrán responsabilidad personal.
  • El juez paralizará los intereses de las deudas y las ejecuciones forzosas.
  • El juez nombrará a un Administrador Concursal, encargado de realizar un inventario de bienes y una lista de acreedores. Con ello, podrá negociar los pagos a través de un convenio que será vinculante para deudores y acreedores. Si éste se incumple, o si no se llega a un acuerdo, se presentará un plan de liquidación de la empresa y el juez decidirá entre las ofertas.

¿Qué sucede después del proceso concursal?

Es posible que la empresa quiera seguir con su actividad y es por ello que negociará con los acreedores con tal de alargar los plazos de pago y disminuir la cantidad de la deuda. Si no se llega al acuerdo entre ambas partes, la empresa deberá vender sus bienes y hacer frente a sus deudas.

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